
En 1984, Joseph Helfrich, acompañado de un sentimiento emprendedor y artístico, diseñó una botella con una forma revolucionaria. La botella, bautizada como Joséphine, destaca por su original perfil: con el cuello inclinado y el cuerpo generoso. Supuso un auténtico desafío en aquella época, ya que fue necesario construir una cadena de embotellado especial.



